Me gustaría comenzar esta reseña aseverando de la manera más cliché posible que: “la vida de un crítico es sencilla en muchos aspectos” sobre todo porque no es algo que me redite rentas ni que tampoco sea ducha en dicha materia. Quizás el mayor grado de seriedad -y que me permiten mis credenciales- que puedo asignarle a este prototipo es el análisis desde la sociología y el feminismo. ¿Por qué lo digo? Procedo a explicar mi maqueta. La película: “Promising Young Woman”. La filósofa: Adrienne Rich. El tema: continuum lesbiano. Advertencia de spoilers.
Promising Young Woman es el primer largometraje de Emerald Fennell donde es a la vez guionista y directora. Esta película se sumerge en el género de suspenso y comedia negra, pero lo que la trajo a mi interés más bien es su subgénero: rape and revenge. Dicho subgénero, inaugurado en el cine en 1931 por Eugen Thiele pero consolidado por Ingmar Bergman en 1960 con su filme “El manantial de la doncella”, nos trae una narrativa que cristaliza uno de los mayores vejámenes de la violencia patriarcal, y que lamentablemente nos es lastimosamente cotidiano: una mujer es agredida sexualmente en el primer acto y en los siguientes ella y/o sus allegados buscan una venganza violenta contra sus perpetradores. Ejemplos más recientes y del mainstream son los filmes Escupiré sobre tu tumba, Hard Candy, A Serbian Film, y un gran etcétera. Estas películas buscan reflejar la realidad estableciendo que la violencia sexual contra las mujeres es sistemática, o en las palabras de Rita Segato: “toda violación, no es una anomalía de un sujeto solitario, es un mensaje de poder y apropiación pronunciado en sociedad.”.
Es menester dejar en claro que no es mi género predilecto, ni creo que sea tan popular entre lxs cinefilxs -al menos las feministas-. Muchas veces raya en el morbo, y por qué no, revictimiza cada tanto. A pesar de esto, me interesa la fórmula con la que Fennell trata esta temática, denominada por distintos críticos de cine como una “venganza feminista”. ¿Y por qué? Sacando de la ecuación el feminismo blanco y el espectáculo, lo que atrajo mi interés yace en la innovación que la obra aplica al típico relato de venganza. Aquí, a diferencia de sus antecesoras, no hace uso de violencia explícita para darnos a entender las consecuencias sociales de la violencia sexual. Por el contrario, usa una estética con colores pasteles y una banda sonora propia del y2k, con artistas como Spice Girls, Britney Spears y Paris Hilton. Es en medio de esta atmósfera donde la protagonista busca venganza apuntando a las bases del patriarcado desde una propuesta que quiere enarbolar una declaración política muy clara: la reivindicación de vínculos -aunque no lo parezcan- subversivos: amistad, solidaridad, resistencia, amor entre mujeres, cometiendo en consecuencia, un verdadero atentado a la heteronorma.
La trama de la película nos presenta a Cassie, cuyo mundo se fracturó tras la violación y posterior suicidio de su mejor amiga, Nina. Incapaz de seguir adelante con su carrera como médico, Cassie emprende una cruzada personal: durante las noches, finge estar ebria para atraer a hombres que se creen “buenos chicos” y, en el clímax de la noche -cuando está a punto de convertirse en víctima- invierte los papeles, los enfrenta y chantajea, revelando su verdadera naturaleza depredadora. Esta rutina se ve alterada al reencontrarse con Ryan, un médico encantador que parece ofrecerle una salida hacia una vida “normal”. Este punto de inflexión ilustra perfectamente la tesis de Adrienne Rich sobre la heterosexualidad como institución política obligatoria. La presión social (representada incluso por sus padres) celebra que Cassie “por fin” salga del hoyo en que está saliendo con un buen partido, invalidando así su duelo por Nina y su ira justificada. La elección de un hombre aparece como el único camino hacia la completud socialmente aceptada. Sin embargo, el vínculo entre Cassie y Nina, un ejemplo del continuum lesbiano que Rich define como “una experiencia profunda e identificada entre mujeres”, resulta ser más fuerte. Cuando Cassie descubre que Ryan fue cómplice silencioso de la violación de Nina, su lealtad se define sin vacilar: abandona la promesa de un futuro heterosexual para consumar su venganza. Este acto subvierte radicalmente el mandato de priorizar a los hombres por encima de las mujeres, cualquiera sea el costo.
La venganza final de Cassie se dirige metódicamente contra los pilares que permitieron la impunidad del crimen de Nina: la sanción social (las amigas que culparon a la víctima), la sanción institucional (la decana de Medicina que protegió a los agresores) y la sanción jurídica (el abogado que desacreditó el testimonio de Nina). En cada encuentro, Cassie invierte el poder sin usar violencia física; su arma es la verdad y la manipulación psicológica, otorgándoles a los culpables una oportunidad de arrepentimiento. Este proceso refleja el análisis de Rich sobre cómo el patriarcado socializa a las mujeres para aceptar la violencia sexual a cambio de supervivencia o estatus, disciplinándolas desde “la brutalidad física al control de la conciencia”. Tanto Nina (al denunciar) como Cassie (al hacer justicia) se resisten a este disciplinamiento, exponiendo el pacto corrupto entre la violencia masculina y las instituciones.
El desenlace subvierte por completo las expectativas del género de venganza. Cassie se infiltra en la despedida de soltero del violador, Al Monroe, usando un disfraz de enfermera que garantiza el “acceso sexual masculino” para, irónicamente, desarmarlo. Su plan no era sobrevivir, sino asegurar que Al pagara. La única escena de violencia explícita en toda la película es la de Al ahogando a Cassie, un recordatorio brutal de dónde reside la violencia real. Su muerte no es una derrota, sino la pieza final de un plan maquiavélico: si la justicia no podría condenar a Al por violar a Nina, lo hará por asesinar a Cassie.
Finalmente, destaco que -quizás sin quererlo- Promising Young Woman logró renovar el subgénero rape and revenge al dotarlo de contenido feminista. No necesita recurrir a la explotación o la violencia gráfica para conmover y enfurecer respecto a la violencia machista. Lo logra a través de la poderosa representación del amor, la lealtad y la resistencia al olvido entre mujeres, un vínculo tan intenso que impulsa a desafiar instituciones, invertir dinámicas de poder y reclamar justicia por medios propios. Para mí, lo disruptivo del mensaje de la película radica en su representación del continuum lesbiano: la amistad entre mujeres impulsa a una de ellas a resistir el disciplinamiento de las instituciones, invertir la estructura agresor-víctima y a recuperar, por sus propios medios, lo que le fue arrebatado a la mujer que ama. Cassie lo logra dejando a un lado todas las expectativas que la sociedad ha posado sobre ella, pues la vida pierde sentido cuando nos quitan a quienes amamos.
– Laura Ibáñez